El talento se apellidaba Petrucciani

El 28 de diciembre, el pianista de jazz Michel Petrucciani habría cumplido 50 años. Su vida, aunque corta (falleció el 6 de enero de 1999, con 36 años) estuvo llena de obstáculos. El primero y principal fue la osteogénesis imperfecta que padecía, una enfermedad degenerativa e incurable, también conocida como “la enfermedad de los huesos de cristal”, que afectó a su crecimiento y desarrollo.  A pesar de la adversidad (o gracias a ella) este músico francés se convirtió en un ejemplo de constante superación.

Nacido en el seno de una familia de músicos, se consagró como una estrella del jazz con tan sólo 15 años en un viaje a París. Allí mostró sus dotes para el piano cuando tuvo que acompañar al trompetista Clark Terry, quien se había quedado sin pianista. “Petrucciani era un enano, pero tocaba como un gigante”, explicaba años más tarde.

Michel Petrucciani

Grabó su primer álbum de estudio, “Flash” en 1980, con apenas 18 años. Debido a su enfermedad, era común que sus hermanos tuvieran que llevarlo en brazos, ya que apenas podía caminar. Esta fue sólo uno de los muchos impedimentos que le imposibilitaron llevar una vida normal. Pero Petrucciani, siempre optimista, lo veía como una baza a su favor, ya que le obligaba a concentrarse en su vocación musical. Fan incondicional de Duke Ellington, solía comentar las ventajas de ser excepcionalmente bajo: “ahorro mucho dinero en las giras, sobre todo en las estancias; mi representante me cuela en los hoteles escondido en una maleta”, narraba.

Petrucciani también participó en cine, en una de las escenas más emotivas rodadas por el John Charles Jopson. En su película Una noche con Blue Note, el propio director se emocionó cuando el saxofonista Charles Lloyd llegaba al Town Hall de Nueva York con Petrucciani en brazos, y lo sentaba en el taburete frente a un piano, con el que dio un recital inolvidable.

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Michel Petrucciani tocó con figuras del jazz tan sobresalientes como Dizzy Gillespie o Lee Konitz. Los expertos siempre han resaltado que su estilo estaba marcado por un ritmo muy potente, así como por su sorprendente independencia polirrítmica.

Consciente de la vida se le escapaba la disfrutó al límite, cometiendo numerosos excesos. Falleció a causa de una afección pulmonar . En ese momento nació una leyenda del jazz y un ejemplo indiscutible de que con trabajo, esfuerzo y talento, todo es posible.

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